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Tú, mi relieve

Soy un dibujo incompleto
sin las yemas de tus dedos,
un desnudo que se desmaya
sin la tinta de tus caricias,

soy mar en pos de tus manos,
acuarela sobre el lienzo
de este,
mi siempre latido imperfecto,

soy tuya y tú mi relieve
del silencio.

©Flora Rodríguez

Pequeña

Siempre quise ser pequeña,
es más interesante el mundo
cuando cabes en todas partes,
cuando pasas desapercibida,
tan diminuta que solo nada
y nadie
se percatan de tu existencia.

Siempre quise
ser pequeña,
pero nunca me sentí pequeña.

Ten presente que eres agua,
aire,
fuego,
tierra…

©Flora Rodríguez

Nunca olvides de dónde vienes

Alguien me dijo una vez: Nunca olvides de dónde vienes.
Y, ¿de dónde vengo?, le pregunté.

Ante tal pregunta, quedó mirándome por unos instantes y regaló una de las sonrisas más hermosas que jamás había visto; una que, yo diría, no era por mí. Creo que en aquel momento pude recordarle a alguna persona o, quizás, el lugar de donde él venía porque marchó sin decir nada más.

A veces, pienso que yo también busco una mirada, aquella que me recuerde de dónde vengo, los ojos que me digan… dónde está mi hogar.

©Flora Rodríguez

Estrellas en el barro

Aves desnudas,
dispersas en mis pensamientos,
dejan cuencos de matorrales en la fuente,
agua para mis sedientas
letras y corazón.

Bullas
de pequeños animalillos y sus fieras
buscan el filo del atardecer.

Hay estrellas en el barro,
son las huellas
eternas de tus caricias.

La noche es amplia cuando sucede.
Misterio lleva tu esencia.

Y tu nombre,
siempre tu nombre…
promotor de mis caderas.

©Flora Rodríguez

hacia delante

Y si hay que quebrar el momento, se quiebra.
A piedras, a martillazos o con la misma cara
que nos han roto en la calle anterior.

Porque cuando una va hacia delante
no le queda otra que ir hacia delante.
Porque hacia atrás no tiene sentido,
porque girar es cambiar la vista,
porque parar es igual a rendirse

y hacia delante…
ya sabes que es perder.

Pero en realidad donde una pierde
es cuando disfrutas de tanto
que hasta reír
te duele en las costillas,
porque hasta la risa,
más adelante,
vuelve a aparecer.

©Flora Rodríguez

Allá donde vayas

Búscame en el espacio
de la palabra suspendida,
del camino en la arboleda,
en el pico de una estrella
o en la voz a ras del suelo.

Búscame entre los pliegues
de unas sábanas gastadas,
en el son de una variante,
en la tinta del tatuaje
o en el santo y su museo.

Búscame despacito
o búscame entre secretos.

Búscame donde quieras,
cielo, tierra y universo,
que yo voy donde tú vayas…
allá donde lleguen tus aguas,
al abrigo de tu verbo.

©Flora Rodríguez

Una nana para dormir

Me eclipsas donde tu boca
se declara la traicionera
de ese latido tuyo casi imperceptible
con dibujo a todos los sueños.

Soy impregnada por el silencio
mientras digiero
lentamente
el prematuro
horizonte que nos anhela.

Los sueños tan a mi alcance
y el eco recuerdo en la sombra
ponen mi pulso en carrera de galgos,
sin saber por dónde escapar.

El mar acrecenta su furia oleaje
y tus manos con fuerza me aferran,
evitando mi propio holocausto,
susurrándome entre tus brazos
una nana para dormir:

«Todo irá bien,
todo irá bien…».

©Flora Rodríguez

Inagotables son los abismos
rozando a los algodonales,
salvajes dunas a la espera
del suspiro
malherido
que tizne el amanecer.

©Flora Rodríguez

Una queda

Tras los ataques cardíacos,
colapsos respiratorios,
tácticas maniobras
y bombas cerebrales,
una queda
como haber estado en batalla
y haber perdido la invasión.

Tras tu paso,
una queda hecha un desastre
en noches, días y medios,

una queda descentrada,
deshilachada,
desventajada…,

dispuesta a perder contigo
todas las guerras.

©Flora Rodríguez