Una nana para dormir

Me eclipsas donde tu boca
se declara la traicionera
de ese latido tuyo casi imperceptible
con dibujo a todos los sueños.

Soy impregnada por el silencio
mientras digiero
lentamente
el prematuro
horizonte que nos anhela.

Los sueños tan a mi alcance
y el eco recuerdo en la sombra
ponen mi pulso en carrera de galgos,
sin saber por dónde escapar.

El mar acrecenta su furia oleaje
y tus manos con fuerza me aferran,
evitando mi propio holocausto,
susurrándome entre tus brazos
una nana para dormir:

«Todo irá bien,
todo irá bien…».

©Flora Rodríguez

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