Justo en el punto medio

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Pinzo la huella de las esdrújulas
en la línea sensible de las percas,
desbrozando la parábola
sedente al somonte de las pupilas.

Avanzo sin actos reflejos
por el laberinto monocromático.
Mi brújula, el latido magro,
el que es angina en el acueducto.

El estupor del viento aúlla
frente al sangrado de mis velas,
silenciando cada cuadrícula.

A plena luz del día, la lobreguez.

No más que soledad, cruda,
desde mis pies en sus talones
hasta la muerte del horizonte.

Tan solo un infierno grita,
justo en el punto medio.

Y la córnea vuelve al mármol.

©Flora Rodríguez

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