De Ifedmond Dantès (carta y soneto)

Estimado fratello: me pongo en contacto contigo para hacerte saber que esta tarde, tras tomar mi mejor bastón y mi más elegante levita, salí a dar un paseo por el Bosque de las Ninfas aprovechando el buen tiempo. Iba yo bajo la canícula vespertina pensando en mis espectros, temores y locuras, cuando me di cuenta que estaba ya muy internado en la floresta. Tomé entonces por un estrecho sendero, con la idea de regresar a mis soledades, y, después de caminar por ella no mucho tiempo, descubrí una entrada en el murete que acompañaba a la antedicha senda a longo de su ala diestra. Luego de trasponer aquel umbral tomado por la hiedra, di en un frondosísimo jardín a cuyo frescor me acogí. Averigüé, por el blasón grabado en el resalte de una gran piedra que imperaba en el pináculo de una fuente que allí había, que aquel paraíso era propiedad de la marquesa de Híspalis, noble señora que, como ya sabes, es poseedora de una gran fortuna superada tan sólo por su olímpica hermosura, y la cual lleva por nombre el de una diosa romana, decisión acertadísima por cierto de quienes la dieron a estos lodos que son la vida humana y a los que dota su esbelta simetría de especial luz, siendo una de las pocas causas que hacen soportable la existencia. Tal y como te estaba contando, en aquel enigmático y paradisíaco lugar, envuelto en el frescor de la umbría y los aromas que emanaban las plantas, descubrí multitud de exóticas flores, a cada cual más hermosa… ¡qué pétalos, qué tallos, qué ejemplares! No pude sino conmoverme ante tanta belleza, la cual parecía haberse allí aposentado tras dejar atrás el propio lar de los dioses y buscar en sus terrenales rincones un nuevo hogar. Fue tal mi gozo que no pude resistirme y, después de haber tomado una cuartilla y el lápiz del bolsillo interior de mi levita, di forma a un poema en honor de la marquesa, versos que dejé prendidos en la hoja y ésta a la espina de una rosa. Acá te dejo copia que hice apresurada, como tan rauda llega mi despedida. Siempre a tu diestra, tu hermano.

Ifedmond

SONETO AL AMOR

¿Quién entender püede tu locura
do descubro son gozo tus cadenas,
y agua el füego ardiente de tus venas
que igual valor y miedo me procura?

Hiere tanto tu dardo como cura,
con tu brío me impeles y refrenas,
y a una müerte en vida me condenas
mas tal muerte la vida me asegura.

El grial que ora ofreces y ora nïegas,
creo en visos y sonrisas me regalas1;
sueños y esperanzas veo certezas.

Y allá do perezoso tu ala pliegas,
con risa traviesa me señalas
un camino do hay gloria y hay vilezas2.

©Ifedmond Dantès

1-: los dos primeros versos del primer terceto son alegoría de quien busca el amor verdadero y fracasa al malinterpretar un gesto; en la palabra <<creo>> se ha usado sinéresis.
2- caminos de glorias y vilezas: alegoría de los avatares del amor los cuales conllevan tanto gozos como sufrimientos, y en donde con más ímpetus aparecen del alma sus luces y sombras.

P.D.: Por favor, fratello, ten la cortesía de en mi lugar hacérselo llegar en rendido homenaje a su cálamo y simpar belleza.

Llegó a su destino… Gracias, Ifedmond.

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