El reencuentro

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Me miras como si un fantasma surgiera de repente de lo recóndito de tu ser, paralizada por la imagen que se acerca a olisquear el mundo donde habitas, ¿tanto te asombra mi vuelta?

Lo reconozco, quizás me excedí en el tiempo, mas debías aprenderlo bien, sin vacilaciones. Deseabas tanto vivir, ilusa… ¡no escuchaste mis palabras! Rápido me diste por vencida, aunque solo fue un retiro necesario, ¿a que ahora sí oyes mi voz?

Ni siquiera parpadeas, observando cada detalle de la inquisidora mirada, ¿qué intentas descubrir en ella? No hay más de lo que ya conoces, no hay más…

Pero seré benévola (todo lo benévola que puedo llegar a ser) y te obsequiaré con algo. Tómalo como un regalo de bienvenida, a este, nuestro reencuentro, para que nunca más me abandones.

Mírate, mira bien ese reflejo.

Es el último, certero y eterno recuerdo que de tu viaje sin mí tendrás… el dolor.

©Flora Rodríguez

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