La cárcava

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En el vértice de la cornisa
vaga el susurro de las tinieblas,
un esclavo ausente de la nada,
el dulce vacío eternizado
en la cogulla del horizonte.

El hálito se inmortaliza
pausando los fieles segundos,
subyugado a la hoz
de una calma perversa,
inyectada cual sacrificio
en los congénitos del destierro.

Etérea voz de una penumbra,
el silencio tras ella y la cárcava,
aislando su inmensidad.

©Flora Rodríguez

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