Nubes de polvo

cuerpo

Cae a verbos la sábana blanca,
luciendo, sin pudor, en los albores
la fuente desnuda del templo.

Mil hebras de tiempo
entretejen ese lienzo,
atrapando sensaciones y pasiones
en una vorágine de latidos
donde la cordura se desvanece.

Desquiciada melodía
deleita mis oídos, despertando
los aborígenes de mis pulsos.

Las notas se erizan a los confines,
el bulbo se desboca en su desgarro,
sangran los deseos en el alma
parcheada
con la piel de sus recuerdos.

Aferro sus manos
y atiendo sus labios,
en una efímera nube de polvo,
único aliento de mi cadáver.

©José Carrasco y Flora Rodríguez

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