Sin fusil

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Aparca el temple que llueve
agua bendita del cielo,
un cruce infernal cuando moja
la exquisitez de la carne.

Carga las armas si apremia,
que el pan del que no comemos
furia desata en la guerra.

Mas no hay fusil que me mate.

Sin embargo, sin perdón, muero
en las lanzas de azor de tus ojos
y en las húmedas amenazas
del látigo de tu boca.

©Flora Rodríguez

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