Hasta el café

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Robas el aliento que cruje en mi boca,
latente en los pliegues de mis silencios,
la tangente que, en espiral, se pierde
brotando en perfiles que la piel acoge.

Robas el instante que me desvanezco,
el salto que atiendo sin hender plumaje,
el orbe que encierran mis sordos suspiros,
la tierra que ebulle tan lejos del mar.

Robas y arrebolas con tu abrazo eterno,
hasta el café sin azúcar

(que no dejas se enfríe).

¿Y ahora urdes cómo el alma poder robarme?

Ay, amor…
si ya te la estás llevando.

©Flora Rodríguez

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