El turco puro

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Gota a verbo, derrite la mira,
la uva madura burla a la cal.
Sin derramar, la flama se atasca,
condensando el rubor en el yermo.

Estampada la ausencia en el aire
y arraigado el ahogo perpetuo,
desciende sin perla la exudación
hasta ser el borde de mis labios.

Es mi dedo quien roza la esfinge,
es mi lengua quien prueba su arena,
es la sal escogiendo en el pecho
el rincón perfecto donde anidar.

Nace reina en diurnos insomnios,
donde el eclipse vive en lo sacro
del no sentido, sin sol ni luna,
mis manos pían el turco puro…

Y grito tu nombre.

©Flora Rodríguez

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