No es mi culpa

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Esta noche he perseguido estrellas, de las fugaces, en una carrera a dos patas con una jirafa y un elefante.

Quizás no lo sabéis pero, si te acercas demasiado, dan bastante hambre. Desprenden sabor a melón con caricias de melocotón. Y si te roza una de ellas estás perdido, sus besos huelen a fresa.

Aunque no atrapes ninguna, es brisa de esperanza como polvo de hadas lo que deja impregnado en tu esencia.

Una pequeñina, la más traviesa, vino a enredarse y a jugar con el cabello. Con cada una de mis risas, afloraban brillantes por los poros de la piel, que chisporroteaban y se convertían en nuevas estrellas.  Giraron a mi alrededor tan rápido que provocaron borbotones de espuma de colores. Adoptaron la forma de un gran tobogán, un arco iris muy bello por el que resbalé surcando el corazón del universo.

Un latido nos lanzó a la luna en un cohete de algodón de azúcar. Entre nanas y almohadones de ternura, me confió más de un secreto, anhelos de personas y sus sueños, pero prometí cerrar con candado y evaporé la llave en el viento.

El aterrizaje fue forzoso, aunque no dolió nada, diría que algo en mi cabeza se ha roto.

Mas no es mía la culpa si, a veces, en noches de luna llena, en vez de lobo, me transformo en unicornio color púrpura.

©Flora Rodríguez

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